lunes 21 de diciembre de 2009

5.0

había una vez un pies negros de barrio que de tan harto de tanto ruina con mala intención y poca humanidad se había auto exiliado al trono sin contrarias que ofrece la casa de uno con el cobro de un paro apañado por el periodo de un año. y mañana Georgie Dann, pensó el indio urbano cuando se presentó en la oficina del inem y pidió lo propio para sí. como aceptaba su alcoholismo sin oponer resistencia compró seguidamente del cobro una caja de tres botellas no demasiado cara, pero tampoco barata, de vino tinto de toro de buena añada. en la zona de gourmet de el corte inglés de callao derrochó otro tanto de la paga en panecillos tostados y foie de pato marca acme. en la fnac, cargado de bolsas, no se resistió al recopilatorio de van morrison que había en oferta. al salir, regaló una sonrisa al poeta callejero de la salida y compró por dos euros un par de textos fotocopiados del autor con ilustración incluida. cogió el metro en sol. bajó en antón martin. compró lomo en una carnicería del mercado. miró la cartelera de la filmoteca. bajó la calle tres peces hasta su portal. subió andando por las escaleras hasta lo que otros llamaban loft y que él llamaba guardilla. alquilada. entrando , escuchó una voz seria y profunda: en una reserva natural de Georgia, Estados Unidos, ha surgido una extraña amistad entre un león, un tigre y un oso. Los tres animales, a pesar de ser depredadores, son capaces de convivir y compartir espacio. Llegaron a la reserva hace ocho años, cuando la policía los recuperó en una operación antidroga. Eran cachorros que los narco utilizaban como símbolo de su grupo... comprendió que había dejado la televisión encendida. la apagó y después de sacar con los dientes el plástico que lo recubría, abrió el reproductor y colocó el disco compacto de van morrison. brown eyed girl. guardó las bolsas. cambió los vaqueros por el pantalón del pijama y la camiseta de la hormiga atómica, la camisa de rayas y la chaqueta marrón que compró en lisboa por el jersey de estar por casa. abrió una de las tres botellas que había en la caja y llenó media taza de los simpson con vino tinto. se sentó en el sofá dos plazas de ikea cuando terminaba spanish rose y suspiró con el primer sorbo. un chirrido corto, violento, rajó la serenidad. leo, soy tu padre, se escuchó por toda la estancia a través de los altavoces.